Después de varios intentos, algunos meses y dudas sobre su rendimiento, el nuevo comedero ha prendido, como si una pequeña fogata se tratara, y comienza a dar sus frutos, o sea, sus llamas. He aquí una muestra de lo que aparece por allí y creo que nos deparará buenos momentos en el futuro.
Por cierto, con el petirrojo no ha sido necesario recurrir a ningún encargo disuasorio: la entrada en escena del trepador azul lo ha puesto en su sitio. Ahora, varias especies comparten, con más o menos convicción, el tesoro aparecido como por arte de magia.




























































